Si no la conocés apostás un millón de dólares a que algún
jugador en la cancha le está faltando. Pero yo, conociéndola, te puedo afirmar
que no está loca, ESTÁ ENAMORADA.
Enamorada de verdad, enamorada de esas que se les cae la
baba cuando hablan de él o muestran una foto, enamoradas de las que se pasan
horas en Skype, enamorada de las que viven el horario europeo estando en latinoamérica, enamorada al punto de mantener una relación a 11.063km
equivalentes a quince horas y media de
vuelo al taco desde Ezeiza a Charles de Gaulle sin contar el tiempo que te hacen perder en
migraciones y aduana.
El no habla español, ella intenta un francés desganado. Ella
un excelente inglés, el un pésimo franglés, que de lo único que le va a servir
en su vida es para poder comunicarse con ella.
El choque de culturas (no tan diferentes, pero diferentes al
fin) es lo que de vez en cuando los obliga a discutir como para romper un poco
con la rutina de extrañarse sin parar y sin solución.
El, un finísimo parisino rubio con chupines y ojos claros.
Ella, una finísima sudaca morocha y con zapatos con tachas.
Ella, una finísima sudaca morocha y con zapatos con tachas.
A punto de iniciar su proyecto de vida, ella planea dejar todo
en Argentina y volar en busca del amor y la paz de tener a la persona que ama a
su lado todos los días, no deja de pensar lo feliz que va a ser al despertarse todos los días al lado de el.
Deja todo en la ciudad por ir a conquistar la enorme
Francia repartiendo besos es todas las esquinas.
Mis mejores deseos de éxitos a mi amiga desde jardín, a la
que voy a extrañar muchísimo pero no voy a dejar de aplaudirla nunca.
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