El Viernes 21/6/2019 a las 16hs teníamos que estar en
Otamendi haciendo la admisión, según nos dijo Mariela -la partera- la noche
anterior. Y creo que esa fue la última vez que fuimos puntuales en nuestra
vida.
Apenas llegamos nos anunciamos, y en un ratito ya nos vino a
buscar una enfermera para llevarnos a la sala preparto, de una.
La sala preparto era muy chiquitita, tenia un baño que para
entrar tenias que maniobrar donde te ubicabas sino no podias abrir la puerta,
una cama, un “perchero” de suero -no conozco el nombre técnico-, una tele donde
vimos Los Jaguares vs. Los Chiefs (4tos de final del SuperRugby), y lo más
importante: un aparato que nos iba marcando las contracciones y como iba
latiendo el corazón de Manu, de eso dependía el resto.
Yo ya tenia una cofia en la cabeza, y una pechera espantosa
con el escudo del Otamendi, a las 17:20hs Mariela me pinchó en la mano
izquierda para pasarme la vía, me dolió. Mucho. Y a los 10’ del goteo, empecé a
sentir dolor de ovarios, que después entendimos que eso eran contracciones.
Bien! Todo iba encaminado, me empecé a ilusionar con un parto natural cuando
las contracciones eran cada vez un poco más fuertes. Llegaba a 100 en menos de
5’ y para mi eso ya era estar entrando en trabajo de parto.
19:20hs Vino la anestesióloga y me puso en la vía un poco de
anestesia. En ese momento sentí un pinchazo muy fuerte bien abajo y un mareo
que me habrá durado 2’ y mucho calor. Todo eso se normalizó a los 5 minutos…
Suponemos que tipo 20hs habrá venido Mariela, sorprendida de
las contracciones que estaba teniendo, me hizo tacto y la mala noticia vino
rápido y sin anestesia: 0 dilatación. Vamos a cesárea. Le dio la ropa apta para
quirófano a Luis y dijo que nos vayamos preparando. Ese momento fue
desesperante. Estaba sucediendo, listo, ya está. En la próxima hora iba a nacer
mi hijo. Se acabaron las vueltas. No pude evitar llorar: una mezcla de
nostalgia y ansiedad, justo en el medio estaba yo, sumándole mucho mucho mucho
miedo. No sé a qué puntualmente, sabía que no había riesgo de que algo malo
pase, estaba segura de eso. Pero tenía mucho miedo igual, mientras me llevaban
al quirófano en la silla de ruedas, me temblaba la pera, no podía controlarla.
Llegamos al quirófano después de haber pasado por muchas
puertas con cartel “solo personal autorizado”, todo muy blanco. Le dijeron a
Luís que erpere un segundito afuera sentado y yo puse cara de … Posta?. No
quería estar ni un segundo lejos de el, sentía que si el estaba todo iba a
salir bien, solo lo necesitaba a el al lado mío para calmar el tembleque de mi
pera.
El quirófano era un freezer, hacía mucho frío y había mucha
gente que estaba viendo por primera vez: Martin (obstetra), anestesióloga,
neonatóloga, Criocenter, etc. Por suerte una cara conocida, Nacho, mi obstetra
siempre dulce, me saludó y me dio animos.
La anestesióloga me pidió que me siente en la camilla y que
me tire para adelante poniendo la espalda redonda. Era la anestesia!!! La tan
temida Peridural. ¿Asi tan rápido? ¿No me van a decir que respire hondo que se
viene el peor dolor que haya tenido? Cuando me la aplicó entendí porque no me
decían nada de eso: ni la sentí. No se si fueron los nervios o la anestesia que
me había puesto en la sala preparto, pero yo a la peridural no la sentí para
nada.
Automáticamente sentí de la cadera para abajo mucho
calorcito, pero lindo. Pensé menos mal que me dio calor porque estaba muerta de
frio. Mientras uno me pinceleaba toda la zona con Pervinox, otro me ponía
bolsas calientes en las axilas y en las manos, y la anestesióloga me daba besos
en la frente. Al parecer ya estaba “todo listo” y por fin lo hicieron entrar a
Luis. Ahora si, que pase lo que tenga que pasar.
Mi pera seguía temblando, no podía controlarla y hoy a la
distancia lo veo lógico, estaba pasando por el momento más importante de
nuestra vida. ¿Como podía pretender que mi cuerpo esté tranquilo con todo lo
que estaba pasando en él?.
El quirófano es un submundo, no puedo recordar lo que pasó
ahí con perfeccion, mi mente no retenía lo que estaba pasando. Me acuerdo cosas
esporádicas, por ejemplo, Nacho le preguntaba al resto si habían visto la nueva
serie Chernobyly yo pensaba como hacía esta gente para tener tiempo de mirar
series con el ritmo de vida que llevan. También hablamos de Cindy que estaba de
viaje en unas playas increíbles en EEUU. La anestesióloga le decía a Nacho que
yo era muy buena (se llevó todo mi amor, pero no sé su nombre). Y también le
dije BOLUDO al obstera Martin que era la primera vez que lo veía, no sé por
qué, para mi eso fue un efecto de la antestesia. Pero me di cuenta que fue
cualquiera y decidí no hablar más porque no controlaba muy bien lo que decía.
Igual, se rieron. Y Martin me hizo un chiste, se lo tomó bien a mi insulto.
Seguro el sabía que estaba drogada y por eso me la dejó pasar.
Sentía cosas raras, que me movían aunque no me estén
moviendo o que me amasaban la panza muy fuerte. En ningún momento me dolió
nada, pero me quejaba y Nacho me tranquilizaba diciéndome que era normal que me
moleste ‘un poquito’.
De repente, dentro de todo lo que conté en el párrafo
anterior, en mi mundo completamente, mirando las luces del quirófano y pensando
en lo blancas que eran, a las 21:04 escucho que Luís me dice “MIRA MI AMOR”, y
dejé de mirar las luces, bajé la vista y me encontré con él. No lo podía creer.
Ya estaba ahí, lo estaba conociendo, lo tenía a un metro. El lloraba y yo me
desesperaba por calmarlo, pero solo podía sonreir. Lo envolvieron y me lo
pusieron en el pecho, y ahí entendí que existe la mágia, la química y un
amor que sinceramente no tenía idea que podía sentir. Manu dejó de llorar
cuando lo pusieron arriba mío y eso me hizo sentir que ya era Madre. Que tenía
el don innato de calmarlo solo por que esté conmigo. La sensación más linda que
sentí en mi vida. Estabamos los tres abrazados como podíamos, yo le daba besos
a Manu, y Luis a mi, y yo a Luis y Luis a Manu y no se cuantos besos dejamos en
esos minutos, y tampoco sé que estaba haciendo el resto de la gente que estaba
ahí, para mi desaparecieron y solo quedamos nosotros 3.
Después de darnos ese momento para conocernos, la
neonatóloga le pidió a Luis que la acompañe con Manu. Ellos se fueron y yo me
volví a sentir como cuando entré al quirófano. Igual. Me sentía sola, quería
que vuelvan ya conmigo, sabía que si ellos estaban conmigo nada malo podía
pasar. Por suerte, fue muy rápido, volvieron y ahí fue la primera vez que vi a
mi hijo a upa de su papá y volví a morir de amor. Nos quedamos los tres juntos,
mirándolo.
El resto ni idea, cada vez iban quedando menos personas, la
de Criocenter se había ido, la neonatóloga también, al ratito se fue Martin, la
anestesióloga, y quedamos solos con Nacho. Nos sacamos una foto que me ocupé de
que me salga la menos papada posible, nos saludó y se fue. El quirófano quedó
en silencio y solo para nosotros.
Al rato vino un camillero que me pasaron cual bolsa de papa
para llevarnos a nuestra habitación, la 248.
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