jueves, 19 de marzo de 2020

Mamar y Amar

Estos días estoy muy pensativa. Debe ser el coronavirus que nos tiene a todos en estado de alerta, y yo no puedo dejar de sorprenderme de cómo crecimos. Los dos.
Te creaste en mi cuerpo, te soñé 9 meses, ansiosa y nerviosa.
Hoy, a tus  9 meses de haber nacido con casi 6 kilos más, todos y cada uno de esos gramos fueron gracias a leche que tomas de mi cuerpo, la que fabrico con amor todos los días; calientita, dulce y calma. 
Me acuerdo de los primeros momentos en que te tenía en posición de pelota de rugby, haciendo malabares de almohadones para que duela menos, para que estés más comodo, para no abandonar. Debo confesar que lo pensé, lo pensé fervientemente, pero en el momento más difícil, todo empezó a calmar de repente, como si alguien supiera que no aguantaba más.... 
La lactancia es tan linda, verte pegado a mi es tan lindo. No puedo describir tu cara cuando estás sediento de mi, ni cómo calma tu mirada cuando estás tomando, ni cómo te quedas dormido pero atento a que no te saque. 
Este plano de tu cara que veo desde acá arriba es la imagen de tu primer año con la que me voy a quedar: completo. Feliz. Y esta misma felicidad es la que te deseo para toda tu vida.
Creciste, jugaste, reiste y lloraste abrazado a mi teta, que afortunada soy. Daría todo lo que tengo por volverlo a vivir, así como fue. Con los días difíciles también, eso me enseño a que después haya sido solida, un vínculo indestructible entre mamá y vos, que aunque esté tácito de ahora en más, va a seguir siempre uniéndonos. 
Todavía nos quedan un par de meses de teta, pero en cada una te quiero disfrutar como si fuera la ultima. Quiero ser consciente de lo que estoy viviendo, quiero disfrutar estos meses, porque estoy convencida que después voy a pasarme toda la vida diciendo que quiero volver acá. 
Por favor Dios, no me quiero olvidar nunca de las caricias que me hace mientras toma la teta.
Gracias bebito chiquitito, por haber sido tan glotón, y dejarme tantos recuerdos hermosos de algo que creí que iba a ser un calvario y termino siendo el regalo más lindo que elegiste para mi: amamantarte. 
Amor, Te amo, mamá.



Esta magia que se generó entre nosotros fue gracias a tu papá: el más contenedor, motivador y compañero. El que me seco cada lágrima de dolor y me alentó para que no baje los brazos, el que me acomodo cada almohadon y con una paciencia de artesano me alcanzo un millón de vasos de agua. Sin el, yo abandonaba el primer día. 



No hay comentarios.:

Publicar un comentario